lunes, 28 de diciembre de 2009

¿Por qué lloras?


Un hombre llamó a la puerta del amigo para pedirle un favor:

- Necesito que me prestes cuatro mil dinares para pagar una deuda que tengo. ¿Podrías hacerla?

El amigo le pidió a su mujer que reuniese todo lo que tenían, pero ni siquiera con esto fue suficiente. Hubo que salir a la calle y pedirles dinero a los vecinos, hasta alcanzar la cantidad requerida.

Cuando el hombre se marchó, la mujer se dio cuenta de que su marido estaba llorando.

-¿Por qué estás triste? ¿Porque tienes miedo de que, ahora que nos hemos endeudado, no consigamos pagar lo que debemos ... ?

-No, no es por eso. Lloro porque el que nos acaba de visitar es un amigo al que quiero mucho y, a pesar de eso, yo no sabía nada de su situación. Sólo me acordé de él cuando se vio obligado a llamar a mi puerta para pedirme dinero prestado.

Pasar,dejando huella


Cuentan que un turista americano fue al Cairo con el fin de conocer a un famoso sabio. El turista quedó muy extrañado al ver que vivía en un cuarto muy peque­ño, repleto de libros. Tan sólo tenía una cama, una mesa, una estantería y un banco.

-¿Dónde están sus muebles, preguntó el turista?

-¿Y los suyos? replicó el sabio.

-¿Los míos? ¡Pero si yo estoy aquí de paso! le comentó sorprendido.

-Yo también estoy de paso, concluyó el sabio.

Efectivamente, todos estamos aquí de paso. Lo verdaderamente hermoso sería poder «pasar, dejando huella». Pasar haciendo el bien, dejando esas huellas de amor y felicidad en todos los que nos encuentren. Ya que la vida es breve, dejemos una buena huella.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Enhorabuena amigos y vivid cantando


En la Grecia antigua la música compartía con la educación física la responsabilidad de formar buenos ciudadanos. ¿En manos de qué oscuro sentido del bien común han cedido una y otra sus valores? La educación musical no solamente influye en el sentido de las proporciones, como decían los antiguos griegos, sino que nos convierte en testigos y artífices de vínculos que ningún programa político recoge.
Está de moda decir que los países democráticos no se pelean entre sí, que la democracia erradica la violencia. También podría decirse que la gente que canta al unísono encuentra más facilidad para vivir juntos. El lenguaje de la música es el más universal. Incluso los que son capaces de enfrentarse por hablar lenguas distintas lo tienen más difícil si consiguen cantar a coro, aunque sea "el vino que tiene Asunción".
Escuchar un coro ya es conmovedor de por sí: tanta gente unida en un afán común de belleza compartida; y si el coro es de chavales/as como es la escolanía La Paz de la Escuela de Música la Paz es conmovedor. Ellos saben que el canto coral es una actividad que necesita de una implicación y una entrega personal considerable. La gente que sabe cantar, es más fácil que aprenda también a entenderse, comparten mejor proyectos comunes. Ellos saben que para conseguir que las cosas salgan bien, que todo suene como tiene que sonar, no puedes hacer nada más que lo que te corresponde. Saben que, no puedes cantar en lugar del vecino. Cada uno tiene que cantar bien lo suyo, y sólo así sonará bien lo de todos. Pero no puedes dejar al vecino en su error si lo hace mal, porque así nunca sonará bien lo de todos. O le enseñas cómo debe hacerlo o el conjunto se resentirá. No te puedes desentender del prójimo. Ni puedes cantar por él. Del mismo modo que no te puedes escudar en los demás para esconder lo que no haces bien. No puedes hacer mal "ese" compás que sabes que tienes dudoso, porque estropearás el conjunto. Ejercicio de humildad, como hacían aquellos frailes, yo me he equivocado, toco el suelo para que se sepa. O sea que tiene que haber un equilibrio bastante sutil entre individualismo, solidaridad, responsabilidad, humildad...
Y cuando todo eso lo consiguen y se termina de cantar en las actuaciones y diferentes personas te cuentan que se le han llenado los ojos de lágrimas de la emoción experimentada, vuelves a remontarte a la estratosfera a donde te habías elevado cuando les dirigías mientras ellos cantaban
Lo mejor que tiene la música es que es como la vida; sólo existe mientras suena, es real sólo ahora. La partitura no es la música, el disco no es la música, la música, como la vida, sólo es en el momento en que se hace, en que se vive. Enhorabuena pequeños/grandes artistas y seguid así y como decía el gran Víctor Jara:

Sigamos cantando juntos
a toda la humanidad.
Sigamos cantando juntos
que el canto es una paloma
que vuela para encontrar.
Estalla y abre sus alas
para volar y volar.
Mi canto es un canto libre

jueves, 24 de diciembre de 2009

Luchar contra la POBREZA


Tú que lees esto ahora ¿podrías vivir un día con 1,35 euros (225 pesetas diarias), todos los gastos incluidos? Pues bien, con esa cantidad sobreviven mil trescientos millones de personas. Y no sólo un día, sino durante todo el año.
La pobreza, el hambre y la enfermedad siguen golpeando a esta sociedad, a esta humanidad. Pese a la opulencia creciente del mundo desarrollado, cada día unas 30.000 personas mueren de hambre en el mundo.

• Tuve hambre y vosotros mirabais al espacio.
• Tuve hambre y me dijisteis que esperara.
• Tuve hambre y creasteis una comisión.
• Tuve hambre y dijisteis: «Siempre hay pobres entre nosotros».
• Tuve hambre y dijisteis: «No empleamos a mayores de 35 años».
• Tuve hambre y dijisteis: «Lo sentimos,vuelva usted mañana».

El Banco Mundial define la pobreza absoluta como aquella situación en la que una persona tiene que sobrevivir con menos de un dólar al día, y así vive una cuarta parte de la población mundial. Los más afectados son los niños. Según estadísticas, cada año 12 millones de niños menores de cinco años mueren por causas relacionadas con la desnutrición.
Estaría bien que en noches como hoy reflexionáramos sobre esto y pensásemos qué podemos hacer desde nuestra parcela diaria por cambiar tanta injusticia

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Un problema de percepción

Cuentan que un día iba un jinete cabalgando sin prisa por un camino poco transitado, cuando a penas de unos metros de su caballo vio cómo un escorpión venenoso se introducía por la garganta de un hombre que dormía tranquilamente tumbado al amparo de un árbol. El jinete bajó de su cabalgadura y con el látigo despertó al hombre dormido, a la vez que le obligaba a comer unos excrementos de caballo que recogió del suelo. Mientras, el hombre, sorprendido y enfadado, chillaba de dolor y asco:

"¿Por qué me haces esto?, ¿Qué te he hecho yo si puede saberse?"

El jinete continuaba azotándolo y obligándole a comer los excrementos. Instantes después, aquel hombre vomitó y arrojó el contenido del estóma­go con el escorpión incluido. Al comprender lo sucedido, el hombre agradeció al jinete el haberle salvado la vida, y después de besarle la mano, insistió repetidamente en entregarle su humilde sortija como muestra de su inmensa gratitud. Antes de despedirse, sin embargo, le pregunto a su benefactor:

"Pero, ¿por qué sencillamente no me despertaste?, ¿por qué razón tuviste que usar el látigo?"

"Había que actuar rápidamente, no había tiempo que perder con explicaciones", respondió el jinete convencido. "Si sólo te hubiese despertado no me habrías creído, te habrías paralizado por el miedo, o habrías escapado. Además, de modo alguno hubieses tomado los excrementos, y el dolor de los azotes provocaba que te convulsionases, lo que evito que el escorpión te picara". Dicho lo cual, partió al galope hacia su destino.

No lejos de allí, dos hombres de una aldea vecina que habían sido testigos del episodio, cuando regresaron junto a sus paisanos, narraron lo siguiente:

"Amigos, hoy hemos sido testigos de unos hechos terribles y muy tristes que revelan la maldad de algunos hombres. Un pobre labrador dormía plácidamente la siesta a la vera de un camino, cuando un orgulloso jinete entendió que obstaculizaba su paso, se bajo de su caballo y con el látigo comenzó a azotarle por la mínima falta. No contento con eso, le obligo a comer excrementos hasta vomitar, le exigió que le besara la mano y además le robo una sortija. Pero no os preocupéis, a la vuelta de un recodo hemos esperado al arrogante jinete y le hemos propinado una buena paliza por su deplorable acción.